Improvisaciones... Somos unos Improvisados...
A veces (muchas veces), tengo la impresión de ser un extraño, un forastero o extraterrestre en la mayoría de los ambientes en donde me desenvuelvo. Me impresiona enormemente observar como el resto de la gente que me rodea cotidianamente asume que sus acciones y decisiones, tomadas tan a la ligera, están bien tomadas, aunque yo estoy convencido de que se están cometiendo en ese momento uno o más errores, que van a tener consecuencias graves en nuestro futuro desenvolvimiento.
Más grave me parece el hecho de que, advertencias por delante, el tiempo me da la razón.
Es bien cierto que el hecho de improvisar puede ayudarnos a sobrellevar de manera flexible las circunstancias que cambian de un momento a otro, y soy capaz de aceptar en este marco el actuar de manera inmediata. Pero también es cierto que abusamos en este entorno nacional de esta facilidad que tenemos para improvisar, y convertimos nuestras improvisaciones cada vez mas en mediocridades.
Podemos planificar, podemos encontrar y contar con los suficientes recursos para que cada proyecto que emprendamos fluya de manera correcta, podemos revisar y ensayar para probar en cada momento que vamos en el camino correcto, podemos corregir para perfeccionar el producto de nuestros esfuerzos. ¿Porqué entonces no lo hacemos?
Existen tantos ejemplos para este comportamiento generalizado en este país donde vivo que me es difícil seleccionar alguno en particular, voy a intentar esto.
Nuestros gobernantes siempre han inaugurado obras inconclusas en actos rimbombantes y egolátricos a su figura. ¿Porqué? No esperan a que dichas obras (escuelas, hospitales, carreteras, industrias, etc) estén concluidas, bien dotadas, en pleno funcionamiento, con el personal adecuado; es decir; completas. Vale más la promoción y el efecto inmediatista de una inauguración, que el mejoramiento que pueda significar en la comunidad dicha obra. El resultado es, muy a mi pesar, mediocre.
Un ejemplo en la organización. Sabemos que en general existen procedimientos administrativos para realizar de forma fácil y adecuada la mayoría de nuestras actividades; sin embargo, los empleados se empeñan en olvidar estos procedimientos, muchas veces alentados por sus supervisores, para lograr un objetivo inmediatista e improvisado. Y desde mi punto de vista, mediocre.
En la sociedad que me ha tocado vivir, existen muchísimos casos que puedo ilustrar, explicar e intentar paliar, pero me encuentro cada vez más convencido de que llevamos este comportamiento de resolver improvisando grabado en nuestros genes tercermundistas. Seguramente, pronto describiré en detalle algunos de los más ruidosos casos de improvisación que desembocan en mediocridad. Vaya si los he visto, vivido y sufrido.
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