El placer de no hacer nada...
A veces, nuestros cuerpos y mentes nos gritan que los dejemos libres. Debemos saber escucharnos a nosotros mismos, a nuestros cuerpos, a nuestras mentes. Y muchas veces, simplemente queremos pararnos, detenernos, observar a nuestro alrededor, disfrutar de lo que vemos sin cuestionarlo, sin analizarlo y simplemente dar lo que vemos, lo que disfrutamos por sentado, simplemente porque es así.
Cuando crecemos y nos convertimos en adultos, muchos perdemos la capacidad de sorprendernos, de disfrutar las circunstancias sin intentar explicar todo lo que vemos. Sin embargo, a todos en algún momento se nos dispara ese pequeño efecto electrificante que nos dice: "No hagas nada..."; "Sólo tienes que disfrutar..."; "Sólo déjate llevar..."
Hace poco regresé de una semana de vacaciones. Vacaciones que mi cuerpo y mente me pedían desesperadamente. No solamente a mí, sino a toda mi familia. Necesitabamos dejar de hacer cosas, y no sólo me refiero a trabajar; necesitabamos dejar de hacer lo que rutinariamente hacemos: las niñas necesitaban dejar de estudiar, mi esposa necesitaba dejar de hacer los quehaceres diarios y yo necesitaba dejar de pensar en el trabajo. Es increíble como tus mecanismos físicos y mentales te dictan que hacer y cuando hacerlo y si no los escuchas y les haces caso, empiezas a cansarte, en el sentido que comenzar a hacer las cosas sin interés, a perder el interés en esas actividades, a aburrirte.
Mientras estuvimos de vacaciones, no hacíamos nada. Es realmente placentero no hacer nada. Sientes cada detalle, y lo disfrutas realmente: la brisa en la orilla de la playa o de la piscina, el agua salpicándote, la vista espectacular de la tarde, las niñas cantando y jugando. Y lo más emocionante: solo lo disfrutas, lo aprecias y agradeces poderlo disfrutar como un niño, sin cuestionar y sin explicar nada.
Recientemente he estado disfrutando del placer de no hacer nada: cerrar los ojos en la terraza de la casa y sentir el entorno, escuchar lo que normalmente no escuchas, sentir lo que normalmente no sientes. Es una manera de descansar que acabo de descubrir, y lo estoy disfrutando mucho. A veces, hasta no hago nada para resolver algún problema que se me presenta cuando hago algo.
Disfrutemos entonces de vez en cuando de no hacer nada, démos a nuestros seres estos pequeños placeres, que seguramente nos merecemos.