Escuché la Lluvia...
Por estos días, los niños están disfrutando de unas merecidas vacaciones, luego de un año de arduas actividades escolares. Especialmente mis hijas, ambas exitosas y aventajadas estudiantes. (Orgullo de Papá, disculpen ustedes...).
Mientras espero poder tomar unos días para llevar a las niñas de viaje y poder yo también disfrutar de algún descanso, escribiendo estas lineas me sorprende la lluvia. Cuando comencé a escribir, escuchaba desde la terraza a los niños jugando en la urbanización (mis niñas incluidas), gozábamos de un sol espectacular y yo simplemente pensaba en lo que pudiéramos hacer como familia para esta temporada. Absorto como estaba en estos pensamientos, imaginándome descansando con mi esposa y niñas en algún lugar sin mucha gente, con una vista de las que relajan y hacen que valga la pena estar allí, no me había percatado del violento cambio del clima.
De repente, una ventolera sacudió las palmeras que tenía a la vista, la temperatura bajó al punto de provocar ciertos pequeños espasmos en el cuerpo, los vivos colores de la tarde soleada se perdieron detrás de unos bruscos grises y se desencadenó una lluvia profusa, al principio intimidante. Las niñas ya estaban en casa, y el resto de sus compañeritos de juegos también se habian ido. Yo estaba sentado aún en la terraza abierta, viendo detenidamente como el agua caía y creaba sus propios caminos en el aire y en la calle.
Entonces me quedé allí, primero observando detenidamente como el agua al caer calle arriba, en el parque infantil, chorreaba en hilos para luego entretejerse y crear pequeños torrentes que ganaban en fuerza, revolviendo la tierra bajo sí y arrastrándola, como reclamando antiguos caudales que el cielo no ha olvidado aún y que pretende seguir grabando en la superficie de la tierra, ahora invadida y quebrantada.
Momentos después, me senté y cerré los ojos, escuchando cada gota tamborileando en cada pedazo de calle, en cada teja, en cada mosaico, en cada hoja, en cada pedazo de madera que encontraba, componiendo y al mismo tiempo ejecutando una pieza musical como solo la naturaleza sabe ejecutar. De momento en momento escuchaba también el arrastre de unas hojas secas sobre el asfalto, o un chorro de agua que se desprendía de un techo, tal cual uno que otro solista poniendo sus notas sobre la armonía general que yo ya estaba, ensimismado, disfrutando...
Escuché la Lluvia... Disfruté su concierto... De nuevo, la Natura hizo acto de presencia... me regaló un instante de paz... Y se lo agradezco profundamente...