Mi Terraza... Mi Refugio...
He tenido mucho tiempo sin sentarme a pensar en cosas que no tengan que ver con mis obligaciones en general. Tomé unas vacaciones que me revigorizaron el cuerpo, la mente y el alma, pero que también significaron un gran esfuerzo en poner al día algunas cosas pendientes, además de darme cuenta de que tenia olvidadas otras cosas que no debían ser olvidadas.
Estas vacaciones me hicieron un bien indescriptible: pasé mucho tiempo en casa, disfrutándola con mi esposa y mis niñas. También estuve solo, regocijándome en esa soledad de todo aquello que hemos logrado y pensando en como alcanzar aquello que aún no he podido alcanzar. Planeando como alcanzar aquello deseado, aquello que sin duda mejoraría mucho nuestra calidad de vida y que daría a mis hijas la oportunidad de oro para que sean exitosísimas en la vida. Por supuesto que descansé, por supuesto que añoro ya esos días, pero también estoy muy claro en el esfuerzo que me toca realizar para alcanzar mis objetivos y los de mi familia.
Ya tengo un mes trabajando luego de estas vacaciones, con la sensación de que un mes de vacaciones ha sido considerado un mes de atraso en todos los proyectos en los cuales estoy involucrado. Debido a esta sensación, me he visto obligado a realizar un esfuerzo extraordinario para poder acelerar todo lo que se paralizó durante mi largo descanso (digo largo porque es la primera vez que se me permite disfrutar de mis vacaciones completas desde que trabajo allí). Como se pueden imaginar, este esfuerzo ha significado una merma importante en mis energías.
Todas estas ideas se agolpan para salir así nada más, mientras estoy sentado en la terraza de mi casa. Allí me permito estar durante unos minutos todas las noches, reflexionando en cosas como las descritas anteriormente, planeando como enfrentarlas, intentando descifrar nuestro futuro y de alguna forma dibujándolo en mi mente. A veces, comparto todos estos pensamientos con mi esposa, incluso con las niñas, allí, en la terraza de mi casa.Todas las mañanas, antes de salir a llevar a las niñas a la escuela, también intento dedicarme unos minutos de reflexión y de contemplación en la terraza. A veces, logro observar imágenes realmente impresionantes, que me reciben allí al comenzar el día. Este pequeño mirador tiene por momentos vistas privilegiadas del Parque Nacional El Avila y sobre las laderas que rodean el pequeño pueblo - ciudad donde vivo, que también me parecen realmente admirables.
Así que mi terraza me ha permitido descargar de una forma bien pacifica todo el estrés con el cual pueda llegar a casa; me atrevería a decir que también me ha permitido enfrentar todo aquello que pueda significar preocupación, premura o la misma realidad de una manera contemplativa, hasta artística, pues esto fué escrito allí, en mi terraza.