Palabras van, Palabras Vienen...
Si los venezolanos tenemos alguna característica distintiva entre el resto de la inmensa variedad de nacionalidades que poblamos este mundo, esa característica es la de la palabrería.
Como hablamos, y vaya que sabemos hablar, usar y abusar de nuestra lengua (como órgano y como idioma). Los vendedores, los políticos, los politiqueros, los funcionarios públicos, los empleados, los supervisores, los gerentes... Todos, todos los venezolanos tenemos esa característica "charla" para con nuestros amigos y no tan amigos, compañeros de trabajo, jefes, familia... La más excelsa manifestación de esta característica entre nosotros lo venezolanos, son aquellos que llamamos charlatanes.
Como hablan los charlatanes. Me impresiona la capacidad sin par que tienen para parecer que saben de todo al más mínimo detalle y con el mayor desparpajo hablan y hablan y hablan de un tema del cual no saben absolutamente nada. Tienen esa sangre fría de aparentar, controlar y manejar soberbiamente un tema del cual en realidad no tienen en realidad la menor idea básica.
Hasta aquí, todo el tema puede parecer hasta divertido: todos conocemos a un charlatán, todos tenemos un vecino, un amigo, un compañero de trabajo que es un charlatán. Nos reímos de sus ocurrencias y hasta se las aplaudimos. Disfrutamos de su compañía, y nunca fallan a una cita con cualquier grupo.
Lo realmente lamentable es que con este solo talento, los charlatanes obtienen poder: ese vecino charlatán termina siendo el presidente de la junta de condominio. Ese tipo medio loco que "se la pasa hablando con los jefes" termina siendo su asesor, un gerente, el líder de un proyecto importantísimo o tu jefe. Increíblemente, estos charlatanes con una cola de incompetencia indescriptible, terminan rigiendo los destinos de recursos importantísimos de vecindarios, organizaciones, ciudades y países. Y la gran mayoría de sus seguidores y aduladores les aplauden su incompetencia como si se tratara de un talento sobrehumano, casi un poder de superhéroe.