Me gustaría vivir en un pueblito de casas pintaditas de múltiples y alegres colores, humildes pero pulcras, donde a gente disfrutara de la bendición del amanecer, que allí se transforma en una espectacular sonrisa para la faena por comenzar.
Me gustaría que así como le deseo un buen día a cada uno de mis vecinos o a las personas que me encuentro, así mismo se lo desearan todos a todos en ese pueblito: cordial y sinceramente, sin ningún tipo de interés que menoscabe este acto tan simple y tan importante.
Me gustaría salir a caminar por las calles, plazas y parques de ese pueblito sin preocuparme de lo que pueda pasar, regocijándome de cada vista que por sencilla no deja de ser maravillosa. Respirar a pleno pulmón ese aire que se me ofrece puro y limpio, sano y edificante.
Me gustaría poder escoger entre múltiples localcitos, cada uno con una vista sobre las montañas y valles de ese pueblito para ser pintadas e invitar allí a los amigos a tomarse un café, comerse un dulcito en medio de una tranquila conversación sobre nada, sólo para gozarse una y otra vez estos parajes.
Me gustaría volver a ver ese pueblito una retreta, bailarme una verbena y tomarme una cerveza bien fría, sin temor a que nadie le falte el respeto a nadie. Sentarme en la plaza del centro a ver a todos mis paisanos en sus trajines, a los niñitos volando papagayos, a las niñitas jugando a la ronda y a las señoras haciendo sus compras en medio del más surtido y pulcro mercado de mercancía fresca.
Me gustaría que ese pueblito me desacelerara la vida para vivirla, para gozarla. Que ese pueblito marcara el ritmo de una vida saludable, colorida, apacible y bonita. Realmente añoro esas imágenes y con todo fervor deseo verlas hechas realidad.