22/2/10

Orden o Caos, Libertades o Abusos, Educación o Ignorancia

¿Es posible que varias personas, con distintos niveles de Educación, puedan ponerse de acuerdo y trabajar en pos de alcanzar un objetivo común superior?

¿Es posible que varias personas aparten sus intereses particulares para lograr mayores beneficios repartidos entre todos, en lugar de obtener beneficios para sí mismos?

¿Podrían en algún momento estas personas aceptar sus capacidades y limitaciones, poder trabajar en equipo y lograr algo bueno para todos?

Existen situaciones en las cuales pareciera que se desborona todo un sistema de valores sólo por intereses mezquinos y particulares, ya sea alimentar el ego de una persona que no acepta su innata capacidad de fallar y de ser limitado, ya sea construir destruyendo lo que otro ha construido, ya sea alterar las prioridades vitales de un grupo para imponer sus pareceres.

Estas situaciones se repiten una y otra vez en cada construcción social venezolana. En cada grupo de personas. Vean a su alrededor: el vecino al que no le da la gana de respetar el derecho a la tranquilidad que tienen el resto de los habitantes de su urbanización, haciendo todo el ruido y causándole múltiples incomodidades sólo para lograr un metro cuadrado más en su propiedad, o para satisfacer sus inmediatas necesidades “musicales” con su equipo de sonido a todo volumen. Servicios estudiantiles (transporte, venta de alimentos, seguridad escolar) que existen en función de producir algunos ingresos a quienes lo prestan, y nunca en función de las necesidades de los que reciben estos servicios: los niños, sus hijos, mis hijos. El contratista que compró el contrato de reparación de calles, aceras, brocales, para nunca terminar de reparar nada, sólo porque cada vez que pone a un obrero allí cobra buen dinero, sin importarle los usuarios de esa calle, esa acera, ese brocal.

El reclamar es caer, más o menos en todas estas situaciones, en una retahíla de explicaciones, dimes y diretes sin fin, excusas van, excusas vienen. También está la estrategia que he observado en todos los ámbitos laborales, gubernamentales, familiares, vecinales… en fin, sociales: la completa ausencia de aceptación de la responsabilidad propia en cada problema presentado y jugar ping-pong con la incómoda situación presentada, echándole la culpa a otro ente, al que sea, incluyendo al clima.