Mis Memorias… Mías.
Voy camino a mi sitio de trabajo: tomo el tren, que me pasea por agradables vistas de los Ríos Canning y Swan, hasta que en un instante pasamos justo al lado de un paso peatonal elevado, que apunta hacia Kings Park, que está sobre una elevación que mira sobre la ciudad de Perth. De repente, esta vista se me parece mucho a El Calvario, donde tuve la fortuna de disfrutar de excelentes momentos con mi papá en medio de ese otrora fabuloso espacio de esparcimiento.
Mi memoria explota en bonitos recuerdos. Repentinamente, por esos juegos locos de mi memoria, de mi vista y de mis recuerdos, me veo en El Calvario, en el centro de la Caracas a la que le cantó Billo Frómeta (no la que dejé hace ya casi ocho meses) y recuerdo como se podía caminar por sus hermosísimas veredas verdes y bucólicas, bordeadas por exquisitas obras de arte en piedra, viendo desde arriba en todo su esplendor a la ciudad contemporánea, de avanzada, que prometía una vida excelente a quienes vivimos allí. Muchas veces siendo muchacho, caminé desde el Liceo Fermín Toro, cruzando El Calvario con su estatua de Cristóbal Colón apuntando a las Torres del Silencio, por Sierra Maestra y el Mirador en el 23 Enero, hasta mi casa en Los Higuitos de Catia.
Recuerdo que mi abuelo Jesús María fue el jardinero por mucho tiempo de El Calvario, y recuerdo con cuanto orgullo mi papá me lo contaba. Súbitamente, mis recuerdos, mis memorias, se convierten en sueños: veo a mis hijas jugando tranquilas y libres en El Calvario, caminando de nuevo por todas las veredas que existían entre El Silencio, Paguita, El Calvario, El 23 de Enero y Catia. Las veo visitando a mi familia en Casalta, en Los Flores y en otras Urbanizaciones en Caracas.
Pronto me doy cuenta que esos sueños están muy lejos, no por la distancia, sino por el desgano y el abandono en que han caído la civilidad y la afabilidad de aquella Caracas a la que alguna vez le cantó Billo. Ahora me toca atesorar esos recuerdos como míos, y darles a mi esposa y a mis hijas nuevos y bonitos recuerdos, corriendo y jugando tranquilas y libres en las cuidadas y afables veredas de Kings Park, en Perth.